Puntos
de Vista
Análisis y opinión sobre energía,
política y civilización
Las
Guerras Secretas de Fidel Castro (II)

Por
Juan F. Benemelis
CAPÍTULO
2
LA SUBVERSION LATINOAMERICANA
Castro había considerado que la desestabilización del
continente latinoamericano provocaría una fuga del capital nativo
y una contracción de las inversiones norteamericanas, hecho
que unido a un amplio esquema de sabotaje a las instalaciones económicas
crearía las condiciones materiales para su estrategia de la
violencia.
Castro no se queda
tranquilo y decide probar suerte con el otro espadón
del continente, el paraguayo Alfredo Stroessner. En noviembre de 1959
lanza hacia Paraguay una insurrección de casi 100 guerrilleros
que se habían concentrado en el Brasil, mientras poderosas emisoras
clandestinas desde Cuba llenaban las frecuencias de Asunción
con su mensaje bélico. Pero las fuerzas militares de Stroessner
liquidaron con rapidez este ambicioso proyecto.
En el verano de
1960, Castro, en un intento de rabia y frustración
tratará de desestabilizar nuevamente a la República Dominicana
con el alzamiento del Movimiento 14 de Junio, que terminó en
otro desastre. En agosto de 1960 se comprobó en enlace de la
embajada cubana en Perú en el financiamiento del movimiento
insurreccional de Cerro de Pasco. Dos meses después, el embajador
cubano Luís Alonso huía de Perú al descubrirse
sus conexiones con los guerrilleros en las montañas.
El estrepitoso
descalabro de estos seis intentos iniciales llevó a
una reconsideración de los métodos por parte de Castro
y del Che Guevara, quienes decidieron que en lo adelante se llevaría
a cabo una preparación más minuciosa antes de precipitar
cualquier hostilidad. Se estimó conveniente intensificar el
entrenamiento de aquellos grupos latinoamericanos que deseaban lanzarse
a la lucha, en acantonamientos especiales que se creaban al efecto.
De inmediato se habilitaron las escuelas de guerrillas en las localidades
de Minas de Frío, El Cortijo, Siguanea y Ciudad Libertad. En
Trinidad se arregló un campo de preparación para haitianos,
guyaneses y centroamericanos; la escuela en San Pedro se abrió para
los sudamericanos; y en la zona de Las Tunas se creó un sitio
para las guerrillas venezolanas.
Cuba contó de inmediato con una gran potencialidad para los “agentes
de influencia”, o como se denomina en inteligencia, "clubes
de inocentes", que se fundan para coordinar el apoyo de aquellas
causas en boga. Estas organizaciones solidarias concederán a
La Habana una cobertura excelente para emplazar sus verdaderos agentes
de espionaje. Así, no le fue difícil a Castro conseguir
la penetración a vasta escala de las burocracias gobernantes
en América Latina.
Entre 1959-1966
alrededor de 6,000 jóvenes latinoamericanos
recibieron instrucción militar especial en estos centros. Se
decidió, además, aprovechar más a fondo los problemas
internos de los países seleccionados y las circunstancias sociales
explosivas, particularmente con los estudiantes y los campesinos. Esta
primera cruzada de Castro estaba amparada por una intensa propaganda
que trataba de legitimar el derecho a la acción violenta y buscaba
desacreditar el reformismo y la democracia electiva, que estaba echando
raíces en la vecina Venezuela, así como enfatizar el
viejo resentimiento contra los Estados Unidos.
COLOMBIA
El caso más prominente de intervención cubana en el área
de Centroamérica y El Caribe sería el de Colombia. Fidel
Castro siempre tuvo un interés especial en este país,
donde mucho antes de su triunfo en Cuba, estrenó su primera
experiencia personal para desatar la subversión en el exterior.
En abril de 1948,
Castro encabezaba una representación estudiantil
internacional en Colombia cuando se une al grupo de promotores de los
famosos disturbios conocidos como el bogotazo. La delegación
estudiantil cubana estaba formada por Castro, Rafael del Pino Siero,
Aramís Taboada, Alfredo Esquivel, Alfredo Guevara, Enrique Ovares
y Rafael Rodríguez Cervera. Asimismo, se le sumaron los puertorriqueños
Juan Juarbe Juarbe y José Enamorado Cuesta. Los gastos de la
comisión cubana fueron cubiertos por el caudillo rioplatense
Juan Domingo Perón.
Allí se hallaba a la sazón un nutrido conjunto de cuadros
marxistas internacionales: Laszlo Rajk, Miso Rutijch, Salvador Ocampo,
Gustavo Machado, MacKinnon Damón, Luís Fernández
Juan, Eugene Kerbaul, Blás Roca, Milo Persic, entre otros. Poco
antes de embarcar, Castro fue arrestado en la aduana de La Habana;
en su equipaje se hallaba una amplia diversidad de textos: literatura
marxista, escritos de Wilfredo Pareto, tomos sobre el fascismo. También
se encontraba un plano de la ciudad de Bogotá donde estaban
marcados los mismos sitios que luego resultarían asaltados.
Al despedirse
de Mirta Díaz Balart, su novia y más
tarde su esposa, Castro le comentó1 que "iba a empezar
una revolución en Colombia". Castro frecuentó la
embajada de Argentina en Bogotá, donde según su compañero
de aventuras, Rafael del Pino, recibió las partidas de dinero
que los peronistas enviaban por mediación de Diego Luís
Molinari, presidente del comité de relaciones exteriores del
senado bonaerense.
Castro ya era
conocido por la policía del continente como
un gangstercillo habanero a las órdenes del temible Emilio Tró,
capo de la Unión Internacional Revolucionaria (UIR). También
se sabía de su coparticipación en el atentado que liquidó a
su opositor, el líder estudiantil Manolo Castro; de la emboscada
contra Leonel Gómez, y del asesinato del sargento de la policía
universitaria Caral.
El asesinato el
9 de abril de José Eliecer Gaitán,
candidato presidencial y líder del Partido Liberal, desencadenó los
acontecimientos y dio al traste con la IV Conferencia Panamericana
de cancilleres preparada por los Estados Unidos. En el caos social
interno precipitado por el bogotazo, los comunistas casi llegaron a
tomar el poder. En consecuencia, en Colombia se sumaron los intereses
del peronismo y del comunismo para destruir la política de Washington
en el continente latinoamericano.
Tras estallar
los motines y conocerse la muerte de Gaitán,
Castro se ligó a las bandas armadas que se concentraron en el
pico de Monserrate, instando a los colombianos con su arenga para que
asaltasen las oficinas de la presidencia. La policía de Bogotá se
dio a la caza de aquel Castro de apenas 21 años, oscuro lidercillo
estudiantil, gatillo alegre de una banda terrorista cubana, y sobre
quien pesaban sospechas de participación en el atentado.
Castro buscaría refugio en la embajada cubana en Bogotá.
Mientras tanto, el gobierno colombiano deportaba al resto de los estudiantes
extranjeros y rompía relaciones con la URSS el 3 de mayo de
1948. Años más tarde, ya en el poder en 1960, el propio
Castro describía al periodista hindú Kurt Singer su parte
en los sucesos de Colombia2 "escapé del arresto merced
a la intervención del Dr. Guillermo Belt, embajador cubano en
Washington, quien me puso a bordo de un avión de carga. Mi odisea
había concluido. Yo, el estudiante de derecho, el revolucionario
y el guerrillero, no había logrado libertar a Bogotá.
Sentía la parálisis de la impotencia. No obstante, me
sentía persona importante".
El bogotazo dejó parte de la ciudad en ruinas y una estela
de cinco mil muertos. La evidencia del intento de golpe comunista fue
dada a conocer por la reseña del secretario general del Partido
Comunista de Méjico, Dionisio Encina, al delegado para la América
Latina de la internacional comunista, el COMINFORM, Jerónimo
Arnedo Álvarez3.
"El COMINFORM nos ordenó sabotear la IX Conferencia Panamericana,
enviándonos la CTAL y el Partido Comunista de Méjico
técnicos y ayuda política y financiera. Por esta razón
nosotros alentamos al líder José Eliecer Gaitán
a dirigir el movimiento sedicioso. Desgraciadamente, Gaitán
no aceptó, escogiendo así su destino. La verdadera causa
de la muerte de Gaitán es conocida de usted: era necesario convertirlo
en un mártir que condujera el pueblo colombiano a levantarse
y unirse".
Desde los años 1960 ya desde el poder, Castro cuidaría
sus contactos con los sectores extremistas inclinados a la violencia
en Colombia. El Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino (MOEC) constituido
en enero de 1960 por el cabecilla estudiantil Antonio Larrota, recibió ayuda
de Cuba para reorganizar los contingentes armados provenientes de la
guerra civil de los años cincuenta, quienes habían degenerado
al bandidaje y merodeaban por el departamento de Cauca.
En mayo de 1960
tiene lugar en La Habana una reunión entre
Castro, el Che y un puñado de colombianos entre quienes destacaba
Juan de la Cruz. El Che Guevara y Castro acordaron asistirles con dinero,
armas y entrenamiento para precipitar una actividad guerrillera en
Colombia. En marzo de 1961 se descubre una red subversiva en Colombia
alimentada por los cubanos Antonio Prisco Porto, Blanca Díaz
Collazo y el militar Máximo Grever, quien servía de instructor
a los "alzados" en Sumapaz. El equipo cubano aprovisionaba
también a las falanges guerrilleras que operaban en la franja
de Antioquia.
A pesar de estos
obstáculos, Castro se las arregló para
seguir financiando las actividades de los elementos promotores de la
violencia en ese país. En agosto de 1962, la policía
política colombiana acusó al coronel panameño
Bolívar Villarino de haber dispuesto el embarque de armas cubanas
a las guerrillas. Dicho tráfico clandestino de ingenios bélicos
se hacía por vía aérea a través del golfo
de Uraba, Antioquia y el Valle, y se venía efectuando desde
1959.
Colombia rompió relaciones con Cuba en 1963, ante la desembozada
naturaleza subversiva de Castro. Como represalia, la actividad insurgente
cobró nuevos bríos con el arribo ese mismo año
de un piquete de terroristas entrenados en Cuba. Los combatientes se
hicieron fuertes en los valles del Cauca, Caldas y Tolima. Se sucedieron
los desórdenes, los sabotajes, y los ataques rebeldes; el capitolio
nacional en Bogotá fue sitio de varias explosiones en julio;
un mes después estallaba en la capital un verdadero concierto
de bombas.
En abril se atajó un importante contrabando de armas oriundo
de Cuba. Fueron también interceptados instrucciones y mensajes
provenientes de La Habana donde se orientaba que escuadras rebeldes
de Venezuela cruzaran la frontera y ejecutaran acciones de conjunto
con los colombianos, como en efecto lo cumplieron.
En la populosa
ciudad de Barranquilla se movía un dispositivo
de cubanos pertenecientes a los servicios secretos que se había
infiltrado en el país. Las autoridades venían rastreando
la pista de esta célula dedicaba a promover y supervisar el
terrorismo urbano y proporcionar la logística a los insurgentes.
Finalmente, el 5 de julio cae bajo la jurisdicción del ejército
regular, el cubano Fabio Fermín Fernández y con él
se desploma toda la red clandestina.
En agosto se desmanteló un complot en la base militar de Cartagena,
y se capturaron varios legajos de documentos que hacían patente
la vinculación de Cuba y específicamente el propósito
de Castro en hacer coincidir el pronunciamiento de los cuarteles con
un doble atentado al presidente de Colombia, Guillermo León
Valencia, y al de Venezuela, Rómulo Betancourt.
El 13 de agosto,
el presidente colombiano en una locución
nacional que conmovió al país y a la vecina Venezuela
manifestó que su gobierno y el de Caracas disponían de
pruebas de un complot preparado por las altas esferas de Cuba, cuyo
designio era el asesinato de los dos presidentes. En esos mismos días
tiene lugar, en los bordes limítrofes, un diálogo de
emergencia entre uno y el otro mandatario para examinar la agresiva
política de Castro hacia los dos estados y hacia la zona. El
jefe de gobierno colombiano expresó en la misma que las medidas
económicas contra Cuba no eran suficientes y solicitó el
apoyo de Venezuela para lograr sanciones continentales más enérgicas.
En noviembre fue
detenido en Barranquilla, el revoltoso izquierdista Alejandro Gómez Roa, quien declaró trabajar para los
servicios cubanos. El 13 de abril de 1964, el comandante de la fuerza
naval colombiana del Atlántico, Jaime Parra, revelaba que se
estaban empleando pesqueros soviéticos estacionados en Cuba,
para suministrar material logístico a la oposición colombiana.
El canciller Fernando Gómez anotó a su vez que los trámites
de armas se hacían desde Cuba4.
Con la contribución absoluta de Castro, el colombiano Manuel
Marulanda (alias Tiro Fijo) se alzó en las borrascosas cordilleras
de su país, reuniendo un heterogéneo apiñamiento
de jóvenes novelescos, curtidos comunistas y forajidos del área.
El 17 de marzo de 1965, los hombres de Marulanda saquearon el villorrio
de Inza, incineraron los edificios públicos y "ajusticiaron" a
varios vecinos del lugar.
Dos días después, el ejército arrestaba en el
vecindario de Simacola a nueve salteadores que habían recibido
adiestramiento en Cuba. La situación era insostenible y el 21
de mayo el presidente León Valencia tuvo que decretar el estado
de sitio. La violencia y el pánico continuaron en ascenso durante
todo el año 1965, poniendo al borde del colapso la administración
de León Valencia.
El gobierno colombiano
movilizaría su infantería que
ocuparía numerosos parajes que le permitiesen lanzar ofensivas
masivas contra los cabecillas insurgentes Ciro Trujillo, en la zona
de Río Chiquito, Fabio Vásquez en el departamento de
Santander, y Marulanda; este último había creado, en
la cadena central de los Andes, la República Independiente de
Marquetalía.
PROYECTO GUATEMALA
Guatemala fue uno
de los proyectos donde más enconadamente
se precipitaron Castro y el Che Guevara desde un principio; sobre todo
por que Guatemala había concedido bases de entrenamiento para
los cubanos exilados que participaron en la abortada invasión
de Bahía de Cochinos.
Pero mucho antes
de su ascenso al poder ya la larga mano de Castro había terciado en el terrorismo guatemalteco. Carlos Castillo
Armas, que siguiendo órdenes de los Estados Unidos había
derrocado al régimen pro-marxista de Jacobo Arbenz Guzmán,
fue asesinado en 1957. En aquel momento no se supo de donde había
partido la orden del atentado; pero el misterio quedaría develado,
años más tarde, por boca del dominicano Ricardo Bonachea
León.
El 4 de mayo de
1964, el gobierno azteca extraditó a Guatemala
al tal Bonachea León, que había sido el principal proveedor
de armas al bando de Castro en los días de la insurrección
antibatistiana. Bonachea, junto con Alberto Canet Acosta (otro cubano
seguidor de Castro) había colaborado en el asesinato de Castillo
Armas. Un día, Canet apareció ahorcado; atemorizado,
Bonachea declaró que Canet había sido el ejecutor central
del crimen por orientaciones de Castro, y que él era un mero
agente del dictador dominicano Trujillo infiltrado entre los cubanos
para conocer sus planes. Por supuesto, La Habana siempre silenció los
pormenores de esta oscura historia.
Fue el argentino
Che Guevara quien dio el siguiente paso en la promoción
de la violencia al realizar un pacto secreto con el depuesto presidente
guatemalteco Arbenz en el mismo año 1959, por medio del cual
los cubanos se comprometían a restablecerle en la presidencia.
Los servicios secretos de Guatemala enteraron al entonces presidente
Miguel Idígoras Fuentes de que el Che Guevara había ampliado
el susodicho complot con los líderes comunistas Francisco Villagrán,
Mario Chávez, Francisco Ponce, Luís Valcárcel
y Edmundo Guerra Teinheimer.
Cubanos y guatemaltecos
habían hecho arreglos para un golpe
de fuerza en el año 1960. Desde abril comenzaron a sucederse
las visitas y la entrega de equipos bélicos a viejas capillas
comunistas de Arbenz, como la de José Manuel Fortuny. Así se
fueron “alzando” las cuadrillas de insurgentes en las serranías
del país, a cuyo frente se encontraba un antiguo camarada de
Arbenz, el coronel Carlos Paz Tejeda.
En agosto de 1960,
el gobierno de Idígoras hizo públicas
las pruebas acumuladas sobre esta vasta conspiración dirigida
por el Che Guevara y Castro. Un mes después, Juan Larcos, agente
cubano detenido por los guatemaltecos, ratificó en su confesión
el plan que se había delineado en su país. El 3 de octubre,
la fuerza aérea guatemalteca atacó la goleta La Cubana
mientras ésta trataba de realizar un desembarco en la costa
atlántica. Al huir, la embarcación cubana embarrancó en
Cozumel, y en Méjico estalló el escándalo.
De nuevo caen
informes en manos del gobierno guatemalteco que develaban las intenciones
específicas de Castro: desembarcos en Omoa y
la Barra (Honduras) combinados con agresiones a Puerto Barrios, Cobán
y Mazatenango; episodios de sabotaje en las principales ciudades, y
el establecimiento de comunicaciones directas con La Habana mediante
una estación de radio que se instalaba en Senahu.
Los cuerpos de
vigilancia secretos del área detectaron una
actitud inusual en Cuba; fueron los mexicanos quienes dieron la alarma:
Castro había prohibido los vuelos internacionales por encima
de la provincia occidental de Pinar del Río; era allí,
precisamente donde estaba acantonada la fuerza expedicionaria cubano-guatemalteca,
lista para entrar en acción.
El 13 de noviembre
estalló un complot en el aeródromo
militar de Zacapa y en Puerto Barrios, donde figuraron los oficiales
del ejército Rafael Sesam, Arturo del Cid y Marco Yong Sosa,
quien sostenía los contactos con Cuba. Aparatos de la fuerza
aérea cubana sobrevolaron la comarca aprovisionando a los rebeldes.
El presidente Idígoras asumió personalmente la conducción
de las operaciones militares y todo el continente se levantó indignado
contra Castro. En Honduras fue sorprendida una columna capitaneada
por oficiales cubanos que pretendía internarse en las montañas
para prestar su concurso a los sediciosos. Al verse liquidado el levantamiento,
Yong Sosa se encerró en las sierras con una tropilla de seguidores.
El delegado de
Guatemala en las Naciones Unidas demandó una
sesión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para debatir
la intromisión cubana. Dwight D. Eisenhower, presidente de los
Estados Unidos, aprovechó la oportunidad para lanzar una dura
advertencia a La Habana, desplazando una flota de guerra cerca de las
aguas jurisdiccionales cubanas. La Unión Soviética le
pediría a Castro "moderación".
La cancillería guatemalteca expresó en todos los foros
diplomáticos del continente que "el comunismo debería
ser desalojado de Cuba mediante la acción armada, tal como se
preveía en el Pacto de Río", agregando posteriormente5
que si no había acuerdo continental al respecto "Guatemala
asumiría unilateralmente una acción positiva".
Dos años después, en febrero de 1962, Yong Sosa abriría
el frente guerrillero en la Sierra de Minas tras recibir abundante
logística militar de Cuba y lograr estructurar una red encubierta
urbana de abastecimientos. Manuel Piñeiro Losada (alias Barba
Roja) jefe de los cuerpos de inteligencia de Castro, había instituido
en Cuernavaca, Méjico una armazón de ayuda logística
a las tropas de Yong Sosa. El siniestro personaje cubano Julián
López, de larga trayectoria en la región, fue sorprendido
pasando armas abiertamente por la frontera mejicana, por lo que fue
declarado persona non grata.
Desde Cuba, la
radio trasmitía continuamente instrucciones
a los sediciosos. El presidente Idígoras volvería a mostrar
nuevas pruebas documentales que denotaban la violación de la
soberanía guatemalteca por parte del gobierno de Cuba. En las
ciudades guatemaltecas se desató una ola de considerable brutalidad.
Ningún alto miembro del régimen de La Habana, ni siquiera
el propio Castro, ocultó su participación con estos hechos.
Todo lo contrario: La Habana gritaba a todo pulmón que había
patrocinado un segundo frente de guerra: el de la FAR, bajo el liderazgo
de Luís A. Turcios Lima.
Toda suerte de
asaltos, actos de intimidación, atentados contra
militares y figuras gubernamentales, secuestros, sabotajes con bombas,
asaltos a caseríos y demás se escenificó entre
1962 y 1963. El 19 de diciembre de 1963 eran exhibidos ante la opinión
pública del país seis miembros de la resistencia armada.
Los detenidos detallaron la preparación recibida en Cuba, la
cual había favorecido la instalación de pequeñas
manufacturas caseras de explosivos en diversas localidades del país.
Fue como un ensayo del método que luego se usaría en
el Uruguay y en la Argentina cuando se implementa el apoyo a los Tupamaros,
los Montoneros y a las Brigadas Rojas.
En febrero de
1965, la despotía militar de Peralta Azurdia
decretó el estado de sitio ante la intensificación del
violento impulso opositor. Durante la conferencia Tricontinental en
La Habana, en 1966, Turcios Lima fue aclamado a viva voz como el representante
legítimo de la insurgencia guatemalteca. Mientras su facción
era alentada por el equipo de Castro, el Che Guevara mantenía
su convencimiento de que las guerrillas de Yong Sosa, abigarrada de
trotskistas debían también percibir socorro bélico.
No obstante, Castro haría inclinar la balanza de la conferencia
en favor de Turcios Lima.
LA ESPIA DE DETROIT
En los primeros
meses de 1959, el gobierno de Castro envió a
Detroit, en un cambió rutinario de su consulado, a una mujer
de belleza exótica, culta y de extensa experiencia diplomática:
Margarita Quintana. Margarita había sido agregada cultural en
Taiwán y en la India y se había desplazado por varios
países del lejano Oriente; conocía Europa y hablaba varios
idiomas6. Durante su actividad como cónsul en Detroit, la agradable
cubanita, que trabajaba para los servicios secretos de Castro, se relacionó con
el ingeniero norteamericano Robert Braun, especialista en el manejo
de instrumentos electrónicos, dueño de un laboratorio
que suministraba equipos especiales a la Comisión de Energía
Atómica de los Estados Unidos7. Las relaciones entre Margarita
y Braun se hicieron más íntimas; luego de excursiones
a Montreal y Toronto, el matrimonio culminó en Detroit, en diciembre
de 1959.
En plena luna
de miel, Margarita y Braun desaparecieron de los Estados Unidos y
se domiciliaron en Cuba, dejando preparadas para su envió a
La Habana, todas sus pertenencias que sumaban 25 cajas y paquetes8.
En mayo y junio de 1960, el equipaje fue llevado al consulado cubano
en West Palm Beach para ser reembarcado hacia Cuba, como rezaba en
las franquicias. Durante la carga, uno de los bultos llamó la
atención de los oficiales aduaneros e intervino el FBI que retuvo
el equipaje pese a las airadas protestas del cónsul y de la
cancillería cubana9.
Tras una larga
batalla judicial con los representantes cubanos, el 9 de agosto de
1961 se obtuvo la orden legal para realizar la inspección
(Era un pequeño laboratorio atómico! Se ocuparon métodos
de identificación semejantes a los usados por los Estados Unidos
para reconocer aviones en pleno vuelo, un sistema de control para bombarderos
B-52, instrumentos para reconocimientos aéreos y planos de equipos
clasificados10. Más sorprendente fue el hallazgo de documentos
que relacionaban a la pareja con el espía de secretos relacionados
con la energía nuclear Klaus Fuchs, así como las pruebas
de que Braun sostenía contactos regulares en Detroit con el
agregado comercial soviético, a través de su esposa11.
El rompecabezas
fue armándose y en febrero de 1964, se conoció del
emplazamiento de bases subterráneas en la provincia de Pinar
del Río, supervisadas por el director del programa electrónico
de Castro, nada menos que el ingeniero Braun, quien en cooperación
con un equipo de ingenieros cubanos y soviéticos, donde figuraba
Nicolás Yepylev, laboraba en la instalación de equipos
electrónicos muy adelantados para una estación de rastreo
de satélites en Cuba. La agencia de noticias francesa France
Press, ofrecía la noticia de que Cuba se había convertido
en una potencia electrónica equipada para vigilar toda la navegación
marítima y aérea del Caribe y la costa oriental de los
Estados Unidos12.
Los designios
de Castro de reclamar las islas del Cisne, localizadas a mitad de
camino entre Cuba y Honduras, no fructificarían en
el continente y sólo dejarían recelo, incluso entre los
aliados castristas en ese país. Castro quería obtener
las Islas del Cisne y también Puerto Cortés, en Honduras;
este último, utilizado históricamente por negociantes
y aventureros cubanos para contrabandear cargamentos de madera y más
tarde, transformado por Castro en un paraje para infiltrar guerrilleros,
agentes y alijos de armas, aprovechándose de los cargueros que
navegaban por el golfo de Honduras hasta Belice13.
El propio presidente
hondureño, Villeda Morales, realizaría
en enero de 1961 una locución angustiada ante las amenazas de
Castro14 "yo confieso que somos incapaces de dominar la influencia
castrista en Honduras por nuestros propios medios. No podemos derrotarla
solos ni puede hacerlo ningún otro país centroamericano.
Necesitamos un esfuerzo colectivo. Los países deben abandonar
su actitud pasiva".
Ya para 1963,
Castro está experimentando reveses en sus esfuerzos
por subvertir con guerrillas la América Latina, agravados por
su sorda disputa con varios partidos comunistas. Sin penas ni glorias,
comienzan a languidecer los grupos trotskistas peruanos de Hugo
Blanco, los colombianos de Pedro Antonio Marín, las huestes
brasileñas de Francisco Juliao y el MIR venezolano.
CON LA KGB
Los servicios secretos
soviéticos, la KGB, detectaron de inmediato
la potencialidad de Castro, basado en los criterios de su oficial residente
en México, Nikolai Sergevich Leonov, quien se había entrevistado
varias veces con el cubano en 1955 cuando éste le solicitó ayuda
en armas y dinero para derrocar a Batista15. Los tanteos íntimos
de Castro con la URSS principian en julio de 1959, cuando el jefe de
sus servicios de seguridad Ramiro Valdés, inicia una serie de
entrevistas secretas en Méjico con diplomáticos soviéticos
y miembros de la KGB16.
Desde mayo de
1959 se hallaban en Cuba los agentes soviéticos
Timofey Eremiev, Ivan Arpov y Vadim Listov, este último conocido
por sus trabajos encubiertos en América Latina y, posteriormente,
uno de los hombres claves en el establecimiento de la organización
subversiva Organización Latinoamericana de Solidaridad, con
sede en La Habana. A estas alturas, los soviéticos se hallaban
favorablemente impresionados por la audacia de Castro ante las narices
de Washington, y deciden promover su persona y revolución, y
proyectarle como un actor internacional.
En el otoño de 1959 una delegación militar encabezada
por Raúl Castro visitó Checoslovaquia con la intención
de buscar ayuda militar, armamentos y colaboración de inteligencia.
En octubre, mientras Raúl Castro se hallaba en Praga, una delegación
cultural soviética, encabezada por Alexander Ivanovich Shitov
(alias Alekseiev) experimentado miembro de la KGB, que había
servido en Europa y en múltiple países latinoamericanos,
en especial Argentina, era despachado a La Habana como corresponsal
de la agencia noticiosa TASS, aunque en realidad su misión era
discutir con Castro la apertura de relaciones diplomáticas Moscú-La
Habana.
Alexeiev, más tarde, asentaría los principios estructurales
de los cuerpos de inteligencia cubanos, y sería nominado
embajador soviético en Cuba, a pedido expreso de Castro. Asimismo
desarrolló una amistad personal con el Che Guevara y trabajó con éste
en la selección y entrenamiento de agentes latinoamericanos
para la inteligencia cubana y para la KGB17.
La KGB envió a Cuba alrededor de un centenar de consejeros
en seguridad e inteligencia para organizar los servicios secretos de
Castro. Muchos de estos agentes soviéticos eran españoles
exilados de la Guerra civil que laboraban para la KGB. Uno de ellos,
el veterano militar Enrique Lister Farján, organizó de
inmediato los Comités de Defensa de la Revolución, un
sistema de vigilancia por cuadras.
Los especialistas
de la KGB asesoraron el novel servicio de inteligencia de Castro,
bajo el nombre de “Sección M”, transformado
luego en Dirección General de Inteligencia, al mando del comandante
Piñeiro. Ya para 1963, se inicia el entrenamiento sistemático
y anual de oficiales de la inteligencia y seguridad cubana en territorio
soviético. Alrededor de 1963, Harry Philby, el famoso miembro
de los Servicios de Inteligencia británicos que trabajaba para
la URSS, luego de su huída a Moscú visitó a Cuba
donde ofreció seminarios para los servicios secretos cubanos.
En el exterior,
las embajadas, misiones comerciales, y representantes de otras instituciones,
comienzan a ser utilizadas como pilastras de
los servicios secretos. Los blancos elegidos serían los estudiantes,
las minorías negras norteamericanas, los movimientos que lidiaban
por la independencia o contra gobiernos constituidos. Los núcleos
exteriores de espionaje más valiosos fueron avecindados en Méjico,
Francia y Checoslovaquia (esta última, tránsito y contacto
de agentes de la DGI destacados en África, Medio Oriente y Europa).
Cuba recibió de la URSS su enorme y centenaria experiencia
en el cifrado y descifrado de mensajes, así como en la técnica
de intercepción de correspondencia privada. De esta forma comienza
a edificarse un instrumento de análisis que, junto a la subversión
y a la red de centros ilegales, resultan ya una maquinaria por encima
de las posibilidades de un país pequeño como Cuba.
Desde los comienzos
del sesenta, los soviéticos actúan
como consejeros en los lugares de instrucción de guerrilleros
africanos y latinoamericanos, organizados por un departamento llamado
Liberación. Este promoverá los focos guerrilleros y la
subversión urbana en el exterior, y trabajará, además,
con las agrupaciones marxistas, grupos religiosos, maoístas,
nacionalistas radicales y terroristas. Liberación creará las
milicias y las célebres guardias pretorianas a figuras como
Sekou Touré, Alphonse Massemba-Debat, Macías Nguema,
Gastón Soumaliot, Salvador Allende18.
La etapa que cubre,
desde la victoria rebelde en enero de 1959, a la Crisis de los Cohetes
y los comienzos de la disputa chino-soviética,
es el período de la virulenta confrontación del castrismo
con Estados Unidos, de la complejidad en que se enmarcarán las
relaciones de La Habana con Moscú, y es el lapso donde se echarán
los cimientos para aupar la subversión a escala considerable.
En los esfuerzos
por penetrar la agencia norteamericana más
secreta, la Agencia de Seguridad Nacional, con su residencia en Fort
Meade, la KGB logró reclutar en 1959 a dos cripto-analistas
de esa agencia: Bernon F. Mitchell y William H. Martin, los cuales
se trasladarían a Cuba que sería utilizada como trampolín
para los contactos de espionaje soviético en Estados Unidos19.
Los descalabros
originales en el continente americano liquidan la etapa romántica de la revolución para dirigirse hacia
intereses políticos y estratégicos muy definidos. La
Habana vocifera la exaltación al ultra nacionalismo y a los
regímenes marxistas, mientras en silencio teje compromisos en África,
entrena febrilmente legiones de extranjeros y extiende como una mandrágora
sus redes de espionaje en Europa y América Latina.
LA INVASION
La victoria militar
obtenida por Castro en Bahía de Cochinos,
contra una brigada de cubanos exilados armados y entrenados por Estados
Unidos, le ayuda a estabilizarse internamente, convenciendo a
la burocracia soviética de que su régimen resultaba un
instrumento valioso para el Tercer Mundo.
Al finalizar el
XXII congreso del PCUS, en octubre de 1961, tuvo lugar una reunión secreta de la alta dirigencia soviética
(Nikita Jruschov, Frol Kozlov, Mijaíl Suslov, Boris Ponomarev)
con la delegación cubana encabezada por Blás Roca, Carlos
Rafael Rodríguez y los representantes latinoamericanos: Jesús
Faría, de Venezuela; Jorge del Prado, de Perú; Elio Rojas,
de Paraguay; Luís Corvalán, de Chile; Rodney Arismendi,
de Uruguay; Pedro Saad, de Ecuador; Jiraldo Rodríguez DosSantos,
de Brasil; Raúl Ruiz, de Bolivia; Gilberto Vieira, de Colombia;
Juan Ducoudray, de República Dominicana y Victorio Codovilla,
de Argentina.
El cónclave soviético-latinoamericano acordó favorecer
en todo lo posible la política de Castro en América Latina
y precipitar la toma del poder por todas las vías. En el mitin,
la URSS sugirió se aceptase la supervisión de los comunistas
cubanos hacia el resto de los partidos en América Latina. El
número de periódicos locales comunistas del continente
se elevaría entonces a 200 en 1962 y La Habana prácticamente
inundaría las capitales de América con propaganda.
La inferioridad
estratégica nuclear moscovita evidenciada
en la Crisis de los Cohetes, sume al Partido Comunista en una larga
riña intestina y en una contracción de su política
exterior hacia la masa continental de Europa, quedando Cuba como el único
saliente de interés para Moscú. Los soviéticos
se enfrascan, además, en una biliosa querella con China, que
desgarra el movimiento comunista internacional. La URSS, Cuba y China
desplegarían en el tercer mundo un esfuerzo político
y de penetración superior a la de los países Occidentales.
China comienza
a agitarse en África con mayor acierto que
la URSS, buscando también una alianza con Castro. Pero éste
no se pasa al campo chino, como muchos esperan, aún cuando América
Latina entra en desacuerdo con la política oficial de algunos
miembros del campo soviético y partidos comunistas locales.
Castro decide
mantener, pese a todo, su cruzada mundial guerrillera,
por necesidades internas de poder y como su carta más valiosa
ante el grupo de Jruschov, molesto con el boceto guerrillero de Castro
y receloso de que los chinos se aprovechen del mismo e incrementen
sus simpatías dentro de la élite cubana y del mundo afroasiático.
Pero Castro cuenta
con poderosos aliados dentro de la nomenclatura soviética; el grupo anti-Jruschov, encabezada por la sombra
glacial de Suslov, Ponomarev, y de Alexander Nikolayevich Shelepin,
santifican la promoción cubana de revoluciones en el tercer
mundo. Castro determinó alimentar sus lazos con Moscú,
ante los chascos en la arena internacional y el escollo de enfrentar
una sangrienta y vasta lucha armada en su contra en todo el interior
del país. Los alzamientos armados de El Escambray, de campesinos
y de ex-castristas en desacuerdo con el giro comunista del país,
será la contienda de mayores proporciones que conocerá Cuba
en este siglo; confrontación bélica silenciada para el
exterior.
El segundo viaje
de Castro a la URSS, en enero de 1964, tiene lugar en el momento
más intenso del conflicto intestino del Kremlin
alrededor de la figura de Jruschov. En el complot que llevó a
su defenestración fue decisiva la participación de Alexander
Nikolayevich Shelepin, amigo del Che Guevara y Yuri Andropov (el carnicero
de Budapest) por la KGB. La política exterior de Castro resultará un
elemento de confrontación en esta contienda interior soviética.
La inminente caída de Jruschov precipita la posición
cubana contra China y permite que Castro logre extraer de los soviéticos
sustanciales ventajas económicas, asistencia militar y
espacio para su política internacional.
Si bien la URSS
acepta extender créditos para proveer la economía
cubana de la mínima oxigenación, Castro evade entregar
su imagen internacional de aparente libertad de movimientos. Así,
a propuesta de la dirección soviética, tiene lugar en
La Habana, en noviembre de 1964, una reunión reservada de partidos
comunistas latinoamericanos.
Juan F. Benemelis nació en Cuba (1942); es
diplomado en derecho internacional y en historia. Fue diplomático
y asesor gubernamental en diversos países africanos.
Autor de varios libros; en 1978 obtuvo un premio de la Unión
de Escritores y Artistas de Cuba por el ensayo África:
visión histórica..Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este articulo es el segundo capitulo del
libro " Las
Guerras Secretas de Fidel Castro" Juan F. Benemelis. Publicado
por el Grupo de Apoyo a la Democracia
www.gadcuba.org. Reproducimos el mismo
en beneficio de los lectores.
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esta publicacion,
por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.
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Perú 11 11 07
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