Puntos
de Vista
Análisis y opinión sobre energía,
política y civilización
¿Dejar
sepultados nuestros Recursos Naturales No Rennovables?
Rio Samiria
Por
Jürgen Schuldt
Nadie
en su sano juicio le propondría a gobierno alguno –y
menos a uno en cuyo derredor campea la miseria- que deje inexplotados
los recursos petroleros o mineros que posee en el subsuelo. Sin embargo,
recientemente, el economista Alberto Acosta: Ministro de Energía
y Minas del Ecuador, ha propuesto esta aparentemente peregrina idea
para determinados lotes de petróleo ubicados en su Amazonía,
a pesar de los elevados precios del crudo y recordando que un tercio
del presupuesto nacional se basa en esas exportaciones.
En
su propuesta, apoyada por el presidente Rafael Correa, se trataría
de dejar de explotar un bolsón de petróleo, estimado
en 920 millones de barriles (40% de los cuales son reservas probadas)
a lo largo del próximo cuarto de siglo, ubicado en la zona selvática
de Ishpingo-Tambococha-Tibutini (ITT) de las provincias de Pastaza
y Napo, próximos a la frontera noreste del Perú. Este
bloque abarca nada menos que un millón de hectáreas de
bosque húmedo del Parque Nacional y Reserva de la Biósfera
Yasuní, declarado como tal por la UNESCO en 1989.
Por
supuesto que estamos hablando de cifras multimillonarias. Si una
empresa (privada
o pública, nacional o extranjera) explotara
ese pozo, el más grande del Ecuador, en los siguientes 25 años
producirían un valor bruto de nada menos que US$ 29.000 millones
(que ciertamente habría que recalcular en términos de
valor presente), que le generarían utilidades netas por US$
18.000 millones. Anualmente, estas últimas equivaldrían
a un promedio de US$ 720 millones, asumiendo un precio de US$ 32 por
barril (recuérdese que se trata de crudo pesado) y un costo
unitario de US$ 12.
Partiendo
de esos datos, lo que el gobierno ecuatoriano exige es que se le
pague anualmente apenas la mitad de esas utilidades
netas por
el hecho de mantener enterrado el oro negro en ese lugar. Esa cifra
no deriva de un capricho, sino que se obtiene de la estimación
-que aquí no viene al caso- de los costos de oportunidad de
la conservación y los de la pérdida de servicios ambientales
en ese ecosistema. Ese dinero se ‘recaudaría’, tanto
por el patrocinio de la comunidad internacional para asegurar la condonación
de parte importante de la deuda externa multilateral (cercana a los
US$ 5.000’), de la bilateral y de la que tiene con el Club de
París (US$ 800’), como de donaciones de gobiernos, ONGs
y personas que apuestan por la iniciativa. Con ese financiamiento se
crearía un fondo de compensación, manejado quizás
por un organismo internacional, de preferencia ambientalista, a través
de un fideicomiso, destinándolo a obras sociales, de ecoturismo,
de conservación del medio ambiente y para el desarrollo de fuentes
alternativas de energía.
¿A guisa de qué se pide ese monto de dinero, que tampoco
es una fortuna? Básicamente, según la contundente argumentación
del Ministro, porque ello permitiría evitar los problemas que
la explotación petrolera generara durante las últimas
cuatro décadas en el país, especialmente en la zona de
Lago Agrio, a cargo de Texaco. En efecto, en este nuevo caso se arruinaría
la flora y fauna de la zona, se envenenarían las aguas y tierras –es
decir, el sustento y la salud- de los colonos, a la vez que se desintegraría
a las comunidades nativas huaorani que ocupan la zona (básicamente
las etnias tagaeri y taromenani) y que no tienen interés ni
necesidad alguna de incorporarse a la ‘civilización’.
A pesar de no tener voz y voto, con lo que no le rinden rédito
político alguno al gobierno, éste viene asumiendo su
defensa. De otra parte, en estrecha relación con el cuidado
de la biodiversidad, tienen toda la razón que se les pague por
el oxígeno que genera el bosque húmedo impoluto para
el planeta, evitando que –por el consumo de esa mayor producción
petrolera- se agrave aún más el efecto invernadero; en
este caso por la generación de CO2, externalidad negativa que
ha sido valorada en US$ 4.400 millones para todo el periodo. A lo que
se añade el hecho que, de explotarse el crudo pesado, habría
que invertir en una termoeléctrica y una planta de conversión
para posibilitar su transporte, con lo que se añadiría
una nociva carga adicional sobre el medio ambiente.
De
esta manera, el gobierno ecuatoriano cumpliría con la necesidad
-por todos compartida- de ocuparse de uno de los más importantes ‘bienes
públicos globales’. Además, este esfuerzo, si tuviere
seguidores que respetaran esos mismos criterios, al contribuir a aumentar
el precio internacional, aceleraría los esfuerzos a escala internacional
por sustituir energías sucias por otras menos dañinas. Éste
es también el propósito del Ministro, quien viene alentando
la inversión en hidroeléctricas y, sobre todo, en energías
alternativas, solar y eólica. Todo lo que no quiere decir que
en otras zonas del país sigan explorando y explotando petróleo,
siempre y cuando existan las condiciones para evitar los daños
mencionados.
¿No creen que eso es suficiente para pedir esa pequeña
suma anual de US$ 350 millones de la comunidad internacional? ¿No
es sumamente ‘rentable’ ese gasto, especialmente para los
ciudadanos de los países del Norte, a cambio de que se respete
el medio ambiente en un mundo que cada vez sufre más de la petro-dependencia
y su impacto sobre el clima? Bien dice el sociólogo ecuatoriano
Javier Ponce sobre esta proposición: “¿Es un sueño?
No necesariamente, si se tiene en cuenta el enorme valor simbólico
que podría tener en el mundo un paso de esta naturaleza y de
estas dimensiones, en pleno clímax de la amenaza del calentamiento
global. Sería una primera medida concreta, en la que las sociedades
del Norte reconozcan a un país amazónico por su esfuerzo
por conservar un espacio que contiene la mayor biodiversidad del planeta
y es una de las 24 áreas prioritarias para la vida silvestre
del mundo”.
¡Cuánto podríamos aprender en el Perú de
este caso paradigmático –diría que hasta de repercusión
mundial- que nos obliga a pensar más allá del estrecho
horizonte de nuestras narices y que privilegia el verdor de nuestras
selvas amazónicas frente al del verde dólar!
Jürgen
Schuldt es
economista, Catedrático de la Universidad del Pacífico
y editor del blog Memorias de Gregorio Samsa (http://schuldtlange.blogspot.com/
). Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por el blog Memorias
de Gregorio Samsa,
25 de mayo, 2007. Reproducimos el mismo en beneficio
de los
lectores. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.
Petroleumworld
no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por esta publicacion,
por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.
Nota
del Editor: Petroleumworld alienta a las personas a reproducir, reimprimir,
y divulgar a través de los medios audiovisuales e Internet, los
comentarios editoriales y de opinión de Petroleumworld, siempre
y cuando esa reproducción identifique a la fuente original, http://www.petroleumworld.com
y se haga dentro de el uso normal (fair use) de la doctrina de la sección
107 de la Ley de derechos de autor de los Estados Unidos de Norteamérica
(US Copyright)Internet Web links hacia http://www.petroleumworld.com.ve
son apreciadas.
Petroleumworld
Perú 01 07 07
Copyright
©2007 Jürgen
Schuldt.
Todos los derechos reservados
Envie
esa nota a un amigo