Puntos
de Vista
Análisis y opinión sobre energía,
política y civilización
El
boom de los pequeños petroleros
Por
Carlos Molina
Frank
Kanayet tiene razones para ser optimista. El colombiano de origen
yugoslavo es
uno de los que apostó hace un tiempo al negocio
petrolero en Colombia. “Nos ha ido bien”, dice hoy como
presidente del grupo colombiano Pestrotesting. “Hemos sido acertados
en mirar el futuro de invertir en Colombia; el negocio se está consolidando”.
La
empresa, que aumentó su facturación en 32% el año
pasado, cuenta ya con una docena de yacimientos medianos en producción
y está en el proceso de levantar capital para sustentar su crecimiento:
espera conseguir unos $500 millones para el otoño, cuando salgan
a la bolsa de Toronto y Londres.
Su
compañía forma parte de los que han conseguido atraer
inversiones de riesgo a la industria en el país, la cual pasó de
US$ 350 millones en 2005 a US$ 650 millones en 2006, empujando además
la producción que volvió a los niveles de 252 millones
anuales que había conseguido en los 90. Y es que mientras en
gran parte de la América Latina petrolera reina la inestabilidad,
Colombia parece haberse convertido en la nueva meca para los inversionistas
en hidrocarburos, que están viviendo una verdadera fiebre del
oro negro en el país andino. Cientos de pequeños y medianos
empresarios están aterrizando en Colombia para establecerse
allí o evaluar las posibilidades de hacer inversiones.
El
terreno es fértil, especialmente para pequeños y
medianos empresarios que se especializan en campos pequeños
y marginales, que constituyen la gran mayoría –94%– de
los yacimientos en Colombia. “Todos los días pasan por
mi oficina empresarios de todo tamaño y de todas partes, para
proponerme proyectos”, afirma Eduardo Elejalde, presidente del
fondo de inversión LAEFM, que se estableció en Colombia
recientemente para tomar partido del boom petrolero. LAEFM maneja actualmente
una amplia cartera de inversiones en hidrocarburos con más de
$410 millones invertidos en la región.
Otra
empresa que se ha subido es la venezolana NCT Estudios y Proyectos,
que se
enfoca
en pozos marginales, es decir de mayor riesgo. NCT, que
se estableció hace en Colombia hace apenas un año, tiene
inversiones por $20 millones en el sudoriente del país, un territorio
alguna vez dominado por la guerrilla izquierdista. La empresa también
está en franco crecimiento, de acuerdo a su presidente Manuel
Treviño, quien espera abrir nuevos frentes de inversión
exploratoria cuando su empresa se cotice en la bolsa de Toronto “en
los próximos meses”.
Y
es que aunque se trate de negocios que son operativamente más
riesgosos por su tamaño y marginalidad, las inversiones seguirán
llegando. Razones son varias. La primera es, obviamente, los altos
precios del crudo, que estimulan el apetito de los inversionistas.
El barril de petróleo raspa actualmente los $68, uno de los
puntos más altos de su historia. Otras razones son la claridad
en las reglas del juego del estado colombiano, y la vastedad de las
reservas potenciales del país. “Colombia descansa sobre
una mina de oro negro de unos 47.0000 millones de barriles proyectados
que pueden convertir al país en un productor de gran importancia
en la región e incluso un exportador”, dice el venezolano
Luis Giusti, analista del Centro de Estudios Estratégicos e
Internacionales en Washington y ex presidente de la venezolana Pdvsa.
Por contraste, México tiene 12.000 millones probados, y Venezuela,
78.000 millones. “Más del 80% del territorio colombiano
está sin explorar, lo cual sumado a las ventajas regulatorias,
lo hace bien apetecible para los inversionistas”, dice Giusti.
El
experto señala además que muchas empresas ven a Colombia
como un oasis de tranquilidad en medio de la volatilidad de países
como Venezuela, Ecuador y Bolivia, que tienen juntos más reservas
energéticas, pero cuyas reglas del juego dejan mucho que desear.
Las tres naciones, que forman el llamado eje socialista andino, buscan
en grados diferentes, mayor control del estado en sus industrias petroleras.
En
Colombia sucede todo lo contrario: el estado se ha distanciado cada
vez más del negocio de la energía cediéndole
el control a la Agencia Nacional de Hidrocarburos, que actúa
con creciente independencia. Adicionalmente, el atractivo colombiano
sube porque ofrece oportunidades de negocios a empresas más
pequeñas, y no a los invitados de siempre, las grandes transnacionales
del petróleo. Casi la totalidad del territorio colombiano está sembrado
de campos petroleros pequeños, en los cuales los grandes jugadores
no están interesados, pero que se hicieron atractivos con el
nuevo marco regulatorio que se estableció allí en los últimos
dos años.
Gracias
a este nuevo régimen, la regalías al estado
colombiano se hicieron más flexibles –bajando del 20%
al 8%–, las licitaciones más transparentes y más
seguro el trabajo de exploración en la selva amazónica,
tras las desmovilización de guerrilla y paramilitares.
Carlos
Molina es
Peruano de nacimiento y periodista con amplia experiencia, reportero
especial para AméricaEconomía. Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por America
Economica.com,
Junio, 2007, edición 342. Reproducimos el mismo en beneficio
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Perú 24 06 07
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