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política y civilización
Propiedad
privada y socialismo, ¿contradicción?
Por
Gary S. Becker
El
congreso chino promulgó en marzo la legalización
de la propiedad privada, dándole el mismo estatus que la propiedad
estatal. Como principio, esta es una medida revolucionaria, ya que
la abolición de la propiedad privada siempre ha sido un principio
fundamental del socialismo. Pero en realidad, China dejó hace
tiempo de ser un país socialista, con un rápido crecimiento
del sector privado que ya produce alrededor de dos terceras partes
del producto interno bruto (PIB).
En 1989 visité a Polonia, durante la transición del socialismo
estatal a la empresa privada y la propiedad privada. Durante una reunión
con el jefe de ideología del Partido Comunista Polaco, le pregunté si
la propiedad privada era consistente con el comunismo y el socialismo.
Me contestó que todavía se estaba debatiendo ese punto.
Los comunistas perdieron el poder poco más tarde, antes de que
sus ideólogos pudieran contestar a esa pregunta. Por el contrario,
China ha dado su respuesta.
Queda
claro que legalizar la propiedad privada es un salto distanciándose
del comunismo. Una ley legalizando la propiedad privada había
sido pospuesta debido a la oposición de quienes consideran que
la propiedad privada es inconsistente con el socialismo. Esa oposición
fue ahora aplastada y 3.000 delegados al Congreso aprobaron la ley,
mientras que muy pocos votaron en contra. Esto, sumado a la admisión
de empresarios como miembros del partido, significa el reconocimiento
oficial del capitalismo.
Me
concentraré aquí en las probables consecuencias en
el desarrollo económico de China. Ese país ha tenido
un extraordinario crecimiento en los últimos 30 años,
alcanzando un aumento promedio de 7% anual. Podemos entonces deducir
que la protección de los derechos de propiedad no es esencial
para lograr el desarrollo desde muy bajos niveles de ingresos y que
China, en realidad, protegía suficiente a su sector privado
para que creciera desde prácticamente cero hasta convertirse
en el sector predominante.
A
pesar de la limitada protección oficial, las viviendas, las
tierras, los negocios y las acciones se compran y se venden privadamente.
Grandes incentivos fomentan la creación de nuevas empresas,
inversiones agrícolas y el aumento de la productividad. Cálculos
recientes indican que la eficiencia de la economía china ha
mejorado 4% al año desde 1993, mientras que el aumento del capital
invertido por cada empleado contribuyó igualmente al aumento
de la productividad de 8,5% al año. Estos son logros sin precedentes,
especialmente si los comparamos con el período de 15 años
anteriores a 1993.
Yo
mitigaría ese impresionante logro de tres maneras. La inversión
a largo plazo en el campo ha sido desalentada por la inseguridad de
los campesinos sobre la posesión de las tierras. Ha habido frecuentes
manifestaciones violentas en protesta de expropiaciones por parte de
gobiernos locales, sin adecuada compensación. Ni siquiera la
nueva ley dará derechos totales sobre la propiedad. Quienes
viven en las ciudades también temen por la propiedad de sus
viviendas que a veces son expropiadas por autoridades municipales que
requieren los terrenos para otros usos. La nueva ley menciona una compensación,
pero no cuál debe ser.
Pienso
que el mayor respeto a la propiedad es indispensable para que China
siga creciendo
y pueda convertirse en una nación de altos
ingresos. Las naciones avanzadas que China quiere imitar protegen las
patentes, franquicias, programas de computación, complicados
contratos de arrendamiento y demás formas de propiedad tangible
e intangible. Tal respeto es esencial para fomentar ese tipo de inversiones
que es más importante a medida que la economía avanza.
Total
protección de los derechos de propiedad requieren un
sistema judicial independiente y eficiente. Las naciones anglosajonas
han sido los mejores protectores de los derechos de propiedad. En China
no hay independencia judicial y por ello no hay garantía del
cumplimento de contratos. Los tribunales son parte del gobierno central
y los jueces ni siquiera alegan tener autonomía. Los tribunales
chinos son arbitrarios.
Si
es apropiadamente instrumentada, la legitimación de la propiedad
privada en China tiene importantes implicaciones en la futura dirección
de la economía. Que tales implicaciones significan una evolución
y no una revolución es indicativo de lo mucho que China se ha
alejado de su pasado socialista.
Gary
S. Becker es Profesor de economía de la Universidad de Chicago
y Premio Nobel.. Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por www.aipenet.com,
el 14 de marzo del 2007. Reproducimos el mismo en beneficio de los
lectores. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.
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