Puntos
de Vista
Análisis y opinión sobre energía,
política y civilización
¿Se
atreverá la Unión Europea a establecer una alianza
energética con Rusia?
Foto RIA Novosti, Alexey Danichev.
Construcción del gasoducto de Gazprom en el norte
de Europa
Por
Voltaire, édition internationale
La seguridad energética será el tema predominante en
la cumbre del G8, en San Petersburgo, en momentos en que los anglosajones
ocupan Irak para apoderarse de su petróleo. Lo cierto es que
la paz solamente será posible si las grandes potencias militares
tienen garantizados los recursos energéticos. En el marco de
esa óptica, Rusia –primer exportador mundial en ese sector– tiene
la intención de presentar una serie de soluciones posibles entre
las que se encuentra el establecimiento de una alianza económica
entre la Unión Europea y Rusia, alianza que garantizaría
el desarrollo pacífico de ambos bloques. De ello trata un informe
secreto elaborado conjuntamente por Total y la Academia de Ciencias
de Rusia, informe al que tuvieron acceso nuestros colegas de la agencia
Ria-Novosti.
La compañía francesa Total y el Instituto de Previsiones
Económicas de la Academia de Ciencias de Rusia (RAN) presentaron
un informe sobre el tema Rusia y Europa: alianza económica o
conflicto energético. Poco antes de la celebración de
la cumbre del G8 en San Petersburgo, este estudio da una idea más
precisa de las relaciones presentes y futuras entre proveedores y consumidores
de petróleo y gas.
Desconfianza recíproca
El académico Viktor Ivanter, director del Instituto de Previsión
Económica (IPE), y el vicepresidente principal de Total, Menno
Grouvel, subrayan que el precio de la gasolina en las estaciones de
servicio y el monto de las cuentas de electricidad, de gas, calefacción
y agua caliente dentro de un cuarto de siglo dependerá de lo
que estamos haciendo hoy.
La estrategia y la previsión a largo plazo en el sector de
la energía se hacen necesarias para definir los enfoques adecuados
en lo tocante a la extracción de hidrocarburos y de creación
de líneas de transporte. En la actualidad, Rusia obtiene sumas
considerables provenientes de la exportación de materias primas
y de productos energéticos. Sin embargo, las insuficiencias
institucionales, la falta de voluntad política, la desconfianza
recíproca del mundo de los negocios, el Estado y la sociedad
no permiten dinamizar las inversiones, a pesar de las reservas que
se han ido acumulando tanto en el sector privado como en el estatal.
Después de la crisis de 1998, la economía rusa no sufrió restricciones
energéticas ya que la demanda de energía no constituía
un sector que limitara el crecimiento económico. Sin embargo, ¿produce
Rusia petróleo y gas en cantidades suficientes como para garantizar
las necesidades energéticas de su propia economía? ¿No
sería quizás necesario reducir las exportaciones para
poder satisfacer la creciente demande interna?
Por otro lado, ¿cuánto costará la tonelada de
petróleo dentro de 25 años si se agotan los yacimientos
conocidos y si nos vemos obligados a extraer el petróleo en
las plataformas continentales de los mares septentrionales y en Siberia
oriental y a crear una infraestructura al costo de miles de millones
de dólares?
Los gastos de extracción no se encuentran entre los problemas
que preocupan al Estado ruso. A causa de la preocupación sobre
una posible caída de los precios del crudo, el dinero se acumula
en el Fondo de Estabilización creado en el extranjero ya que
las autoridades desconfían de su propia economía y de
su propio sistema bancario. Pero, como subrayan Grouvel e Ivanter,
otro aspecto del problema tiene más actualidad en este momento: ¿Qué pasará si
no bajan los precios del petróleo, si se agotan los yacimientos
rentables y se hace necesario extraer el petróleo y el gas más
caros ya que hay que extraerlos de la plataforma continental?
En los últimos tiempos, Gazprom adoptó la táctica
de la negociación conflictual, amenazando a la Unión
Europea con dirigir los recursos hacia Oriente en vez de a Europa mientras
que la UE invocó por su parte la necesidad de salir de su dependencia
estratégica de Rusia.
En el marco de esa estrategia conflictual, se producen
periódicamente
intentos de impedir el acceso de las empresas rusas a las redes de
distribución dentro de la UE así como de obstaculizar
el acceso de las compañías extranjeras a los recursos
rusos. Estamos siendo testigos de un enfrentamiento entre las ambiciones
de los burócratas europeos y las del monopolio ruso del gas:
los primeros quieren convencer a la opinión de que la monopolización
del mercado europeo por Rusia implica grandes riesgos mientras que
el segundo afirma que Europa impondrá sus propios precios a
los proveedores de productos energéticos y que eso implicará una
pérdida de ganancias para Gazprom.
Según la delegada del grupo Total en Rusia, Inessa Varchavskaia,
tales procedimientos no son productivos y, ante la presente situación,
se hace necesario establecer una alianza energética basada en
relaciones estratégicas entre proveedores y consumidores de
hidrocarburos.
Resultaría constructivo buscar una alianza energética
convencional capaz de garantizar la estabilidad económica y
política en las relaciones energéticas entre Rusia y
Europa así como la seguridad energéticas. El estudio
demuestra que hay espacio para una alianza energética. Para
cubrir la falta de energía en Europa mediante el suministro
ruso, las compañías que extraen hidrocarburos se ven
obligadas a pasar a la plataforma continental, donde la extracción
de gas es más difícil y el petróleo más
pesado.
El problema que se plantea entonces es el de la falta
de tecnología,
no simplemente el de los medios financieros. Según Total y la
RAN, «Rusia necesita capitales respaldados por la tecnología
y experiencia en su utilización». Partiendo de ese principio,
el objetivo número uno de la nueva alianza energética
no sería la obtención de beneficios inmediatos sino el
establecimiento de un sistema estratégico de relaciones mutuas.
La demanda mundial de hidrocarburos
La situación que prevalece en el mercado energético mundial
y las previsiones para el futuro hacen pensar que los hidrocarburos
siguen siendo la base del funcionamiento de la industria y del sector
energético mundiales. Los balances energéticos de las
grandes economías de la Unión Europea anuncian una escasez
de energía local. Por otro lado, el aumento de la demanda de
energía proviene cada vez más de las naciones asiáticas
emergentes. Hasta el año 2030, la demanda mundial crecerá aproximadamente
un 2% anual. La RAN y Total prevén un incremento insignificante
de las potencialidades del sector electronuclear y una reducción
de este último en cuanto a la producción de electricidad.
Actualmente, la UE importa la mitad de los productos
energéticos
que necesita (el 73% del petróleo y el 44% del gas). En 2030,
la importación de hidrocarburos representará el 70% (el
92% del petróleo y el 81% del gas). La importancia del gas natural
aumentará sensiblemente pero disminuirá su producción
local. Por consiguiente, de 180 000 millones de metros cúbicos
en 2005 los países de la UE tendrán que elevar sus importaciones
de gas natural a 650 000 millones en 2030. Los países de la
Unión Europea son por tanto los primeros interesados en resolver
el problema del aprovisionamiento en productos energéticos a
largo plazo con una base transparente.
En estos momentos, cerca del 20% del petróleo y más
del 25% del gas natural que consume la Unión Europea viene de
Rusia. Ese país espera seguir siendo un importante socio energético
de los países de la UE durante el primer tercio del siglo XXI
en la medida en que el suelo ruso encierra reservas energéticas
considerables.
Energía y política
Contrariamente al comercio de artículos industriales que se
desarrolla en el marco de la Organización Mundial del Comercio,
la venta de productos energéticos está enmarcada en reglamentos
establecidos y constantemente modificados por regiones, países
y asociaciones de productores y consumidores. Tomemos el ejemplo de
Bolivia, país que nacionalizó totalmente su sector energético
en el mes de mayo y puso la venta de sus hidrocarburos en manos de
una sola empresa. Según Viktor Ivanter y Menno Grouvel, la Carta
Energética, que no ha sido ratificada o firmada por los grandes
países exportadores de hidrocarburos, «perjudica abiertamente
los intereses de los países productores de petróleo y
gas (…) El problema no es que Rusia ratifique o no la Carta Energética.
Lo que resulta incomprensible es por qué Rusia firmó ese
documento inapropiado», señala el informe de Ivanter y
Grouvel. Por otro lado, a pesar del carácter inaceptable de
la Carta en su forma actual, el comercio de la energía no puede
vivir sin reglas generales. Es por ello que los investigadores señalan
que los países consumidores y los países productores
de hidrocarburos tienen que establecer un diálogo, que debe
llevar a su vez a la elaboración de un nuevo documento que recoja
reglas generales para ese comercio.
El nivel actual de las relaciones con los proveedores
de hidrocarburos, entre los que se encuentra Rusia, no permite garantizar
la confiabilidad
y la perennidad que debe tener el aprovisionamiento. Por ejemplo, la
tensión observada en enero y febrero de 2006 en las entregas
de gas a Europa se debió principalmente a la existencia de lagunas
en las relaciones jurídicas entre los proveedores, los países
de tránsito y los consumidores. Aún hoy, nada garantiza
que una situación similar no se repita en el futuro.
La tensión política en los vínculos energéticos
internacionales tiene numerosos componentes económicos. Por
ejemplo, la red actual de gasoductos, que se compone de muy largas
tuberías rodeadas de numerosos consumidores, con un flujo fijo
y una demanda creciente, sólo puede provocar conflictos, sobre
todo durante inviernos rigurosos.
Inversiones oportunas en las estructuras de almacenamiento
de petróleo
y gas permitirían resolver buena parte de los problemas sin
que estos trasciendan al plano geopolítico. Es necesario, por
tanto, crear grandes reservas en los países consumidores de
Europa para poder enfrentar las fluctuaciones de la demanda. La participación
de Rusia en esos proyectos puede verse como un componente obligado
de la alianza energética.
Las tecnologías de ahorro energético
Las empresas productoras de petróleo y gas deben tener ciertas
garantías políticas para poder trazar sus proyectos inversionistas.
Se impone por tanto la elaboración de una estrategia energética
a largo plazo que defina las prioridades en las relaciones internacionales.
Es indispensable establecer reglamentos idénticos para los inversionistas
dispuestos a adquirir activos que no presenten interés estratégico
para Rusia y Europa.
Inessa Varchavskaia estima que resulta indispensable
definir criterios sobre la «importancia estratégica» de los activos,
criterios que deben ser aceptables para Rusia así como para
Francia y los demás países de la UE, para pasar así de
la desconfianza recíproca a una asociación energética
a largo plazo. Para Rusia, los activos estratégicos son aquellos
que garantizan el aprovisionamiento estable a los consumidores rusos
de combustible y de energía dentro del respeto de los compromisos
contractuales.
Sin embargo, se plantea una interrogante: ¿Puede la extracción
de productos energéticos en Rusia cubrir a la vez las necesidades
de ese país y la demanda de Europa? La tesis según la
cual la economía rusa consume mucha más energía
de lo que permiten sus potencialidades debe ser interpretada como una
crítica. Los investigadores señalan que las pérdidas
de energía se observan sobre todo en la calefacción.
La implantación de tecnologías ahorradoras de energía
exige un importante reequipamiento en los inmuebles y en la red de
calefacción a través de todo el país así como
una revisión del esquema de producción y distribución
de calor.
La falta de inversiones en la prospección y en el equipamiento
de yacimientos, en la extracción y la producción, da
lugar a una escasez de energía entre los consumidores internos
debido a la dinámica del desarrollo económico. Recordemos
que en cuatro entidades de la Federación Rusa la escasez de
energía alcanza ya los 12 000 megavatios y que en pocos años
16 entidades rusas enfrentarán un déficit similar.
La base técnica y tecnológica de la economía
rusa, creada en la época de la URSS, se basa en el consumo de
energía barata, lo cual permite a Rusia exportar productos industriales
relativamente poco caros, como el aluminio. Esto determina la lentitud
de la modernización del equipamiento y un consumo de energía
por artículo producido mucho mayor que en los países
donde los precios de la electricidad y el gas son más elevados.
Paralelamente, como el crecimiento industrial implica un aumento del
consumo de energía, la industria rusa podría verse muy
pronto ante una escasez general de recursos energéticos.
Esta situación exige la implantación de tecnologías
ahorradoras de energía para poder contener el incremento espontáneo
de la demanda energética. De no ser así, un aumento incontrolado
de la demanda provocará inevitablemente un alza de las tarifas
de la energía. Se trata por cierto de algo que el gobierno ruso
advierte constantemente. El retraso en la implantación de nuevas
tecnologías en la producción de electricidad podría
hacer más lento el desarrollo de otros sectores económicos
y obstaculizar el mejoramiento del nivel de vida.
Para que el gas siga haciendo funcionar la industria
y la mayor parte de las centrales eléctricas, los precios de la energía
se articularán con los precios internos de los hidrocarburos.
Al señalar que las tecnologías mundiales de generación
eléctrica se basan en gran medida en la combustión de
hidrocarburos, o sea sobre la intercomplementaridad del petróleo
y el gas y de inversiones relativamente poco importantes (como el paso
a una utilización limpia del carbón), Grouvel e Ivanter
refutan el punto de vista según el cual el establecimiento de
una relación entre el precio del gas y el del petróleo
no tienen ya razón de ser y sería necesario en lo adelante
fijar los precios del gas a partir de los principios del mercado.
Según ellos, incluso en el marco del comercio bursátil
del gas, la posibilidad de «desligar» los precios no es
inmediata y sólo se hará efectiva después de la
substitución de toda una generación de tecnologías.
El escenario del desarrollo de la economía rusa
Teniendo en cuenta la evaluación de la demanda de energía
de la UE así como las previsiones sobre las exportaciones de
energía de Rusia en el marco de la estrategia económica
básica del Ministerio ruso de Desarrollo Económico y
Comercio (MERT) para el periodo que termina en el 2015, el Instituto
de Previsión Económica de la RAN estableció varias
previsiones sobre el desarrollo macroeconómico.
Con un aumento de la producción de petróleo y gas del
orden del 1 al 1,6% anual, el consumo interno será prioritario
en relación con las exportaciones, a tal punto que en 2015 varias
empresas europeas darán importancia a yacimientos que las empresas
rusas no habrían comenzado a explotar antes de 2030.
La lógica de esa decisión es simple: ya que las autoridades
rusas tienen la intención de satisfacer la demanda de la UE,
tendrán que dejar que los europeos inviertan en la extracción
de los recursos energéticos rusos para que esto se traduzca
en la utilización de tecnologías avanzadas destinadas
a la explotación de yacimientos de explotación onerosa.
Según los estimados del Instituto de Previsión Económica
y Total, en 2015 las empresas europeas invertirán no menos de
450 dólares por cada tonelada de crudo extraída al año
y 255 dólares por cada 1 000 metros cúbicos de gas extraídos
al año.
El mantenimiento de un crecimiento económico aceptable se prevé en
un escenario “económico” orientado hacia el desarrollo
de la industria de transformación y el ahorro de energía.
Según ese escenario, basado en un crecimiento económico
de alrededor de un 7% y de un importante ahorro de energía (reducción
de la intensidad energética en 3,4% anual), el déficit
de las entregas de hidrocarburos rusos (diferencia entre las necesidades
de Europa de energía rusa y las potencialidades de las exportaciones
de Rusia hacia Europa) se situaría en 2015 entre 62 y 91 millones
de toneladas de petróleo y en aproximadamente 24 000 millones
de metros cúbicos de gas, en dependencia de la dinámica
de la demanda europea. Para remediar ese déficit se planea destinar
entre 29 000 y 46 000 millones de dólares de capitales europeos
a la prospección y la extracción de hidrocarburos.
Los demás escenarios revelan probables riesgos en el periodo
que abarcan las previsiones. El crecimiento económico podría
verse frenado, permitiendo una reducción del consumo interno
de energía para favorecer un aumento de las exportaciones. Si
las tendencias actuales se mantuviesen y no hubiera inversiones importantes
en el sector energético, podría producirse una escasez
creciente de energía en Europa así como todo tipo de
conflictos ligados a la repartición de las exportaciones de
hidrocarburos en cantidades restringidas.
La política económica de Rusia en materia de energía
Durante el proceso de formación de las diversas asociaciones
regionales es necesario preservar los intereses nacionales y, para
ello, enunciarlos claramente ante los asociados. Actualmente, los precios
del mercado interno ruso están subevaluados en relación
con los precios europeos y con los precios medios mundiales. Por dos
razones: debido al nivel poco elevado de ingresos de la población
y a la poca eficacia de la industria transformadora. Los autores del
informe estiman que los precios internos se elevarán gradualmente
al nivel de los precios mundiales pero que eso no se producirá rápidamente
sino a partir de decretos gubernamentales.
La dinámica de los precios será determinada por el aumento
de los ingresos de la población y las leyes del comercio bursátil.
Según ellos, aunque la curva tienda a subir, los precios del
gas se mantendrán durante mucho tiempo en un nivel bajo a causa
del bajo rendimiento energético de la producción.
Para los autores del informe, la implicación del Estado en
el sector del gas y el petróleo, e incluso en el problema de
la división de Gazprom, responde objetivamente a las tendencias
mundiales y al nivel de desarrollo de la economía rusa. Gazprom
es una empresa excepcional que dispone de reservas record de gas y
es capaz de planificar su extracción a largo plazo, teniendo
en cuenta los intereses del país. Su división no tendrá lugar
en un futuro previsible.
Al mismo tiempo, la eficacia administrativa de Gazprom
sigue siendo un problema de actualidad. Ivanter y Grouvel estiman
que la descentralización
de la dirección y la separación de los centros que reportan
ganancias en el seno de la compañía mejorarían
su rendimiento. En cuanto a la introducción de los principios
modernos de gestión corporativa de una empresa pública,
categoría a la que formalmente pertenece Gazprom desde que salió del
mercado de valores, ambos consideran que se trata de un elemento indispensable.
Y en la medida en que es el Estado el que debe determinar el papel
de Gazprom en la adopción de las decisiones estratégicas
y no a la inversa, la tendencia a la transformación de las grandes
empresas de la energía en verdaderas empresas públicas,
con una contabilidad transparente y una administración preocupada
por los intereses a largo plazo de todos los accionistas, se hace irreversible.
En ese aspecto, el Estado puede estimular a las empresas
nacionales y buscar formas de crear en el sector privado un interés por
participar en dicho proceso. Eso es además lo que el presidente
ruso, Vladimir Putin, quiso subrayar en el mensaje que dirigió al
parlamento el 10 de mayo de 2006.
La creación de una alianza energética con la comunidad
europea no implica solamente un aprovisionamiento fiable de hidrocarburos,
transferencia de tecnologías e inversiones. Para Inessa Varchavskaia,
las relaciones de alianza implican también un traslado de los
procesos productivos que necesitan un gran consumo de energía
hacia los lugares de donde se extraen los hidrocarburos.
Rusia desea que esas producciones, dotadas de alta
tecnología,
ecológicamente limpias, administradas según el principio
corporativo y de la manera más transparente, se implanten en
su territorio. Actualmente la mayoría de las refinerías
de petróleo explotan equipos obsoletos y no tienen la capacidad
necesaria para fabricar productos petroleros que puedan resultar competitivos
en la UE.
Para liberar a la economía rusa de su dependencia de los hidrocarburos
y de los precios que se practican en el mercado mundial del petróleo,
la RAN y Total recomiendan que las empresas petroleras extranjeras
sean autorizadas a operar en los yacimientos de difícil acceso
y más costosos, con la condición de que procesen cantidades
cada vez mayores de los hidrocarburos que allí extraigan en
las refinerías rusas o, ¿por qué no?, en refinerías
modernas que ellas mismas construyan. Por otro lado, los investigadores
estiman que la construcción de dichas refinerías debería
ser confiada en parte a subcontratistas rusos.
Grouvel e Ivanter subrayan que, si bien no resulta
indispensable asociar a los inversionistas con un proveedor concretamente,
es sin embargo
necesario permitir que las empresas rusas tengan libre acceso a los
pedidos de ofertas que lancen los inversionistas extranjeros. Esta
posibilidad estimularía el sector de la construcción
así como el de la construcción mecánica. Los autores
del informe piensan que la posibilidad de autorizar empresas extranjeras
a explotar el subsuelo y refinerías de petróleo no implicaría
ningún peligro mientras que la industria rusa adquiriría
tecnología moderna que también podría ser utilizada
por los petroleros rusos.
También sería lógico incitar las sociedades extranjeras
a construir empresas petroquímicas capaces de inundar el mercado
ruso de productos modernos. Esto permitiría implantar en Rusia
unidades de producción de alta tecnología. Según
los autores del informe, los poderes públicos de los países
miembros de la UE están directamente interesados en ello. Por
ejemplo, en caso de transferir a Asia fábricas que consumen
grandes cantidades de energía, el aumento de la demanda en esa
región incitará a las sociedades rusas a acrecentar sus
exportaciones de hidrocarburos hacia el Oriente.
La alianza en el sector energético tiene aún otro principio:
la implantación por parte de las sociedades extranjeras de tecnologías
ahorradoras de energía. Teniendo en cuenta el déficit
previsto de hidrocarburos para la exportación resultaría
admisible la entrega, en forma de concesión, de instalaciones
que consumen grandes volúmenes de energía (como redes
de distribución de calor y electricidad, etc.) a empresas extranjeras
que dispongan de tecnologías ahorradoras de energía.
Esto permitiría exportar los volúmenes de hidrocarburos
ahorrados a escala nacional gracias a dichas tecnologías.
Las tecnologías generadoras de ahorro de energía podrían
ser implantadas de forma prioritaria en el sector de la vivienda. En
efecto, los expertos estiman que en Rusia los volúmenes más
importantes de despilfarro de calor se deben al deficiente aislamiento
térmico de las viviendas y de las tuberías de calefacción
central.
La respuesta a la interrogante sobre si se debe autorizar
o no el acceso de las empresas extranjeras al sector energético ruso
y admitir inversiones europeas en la extracción de hidrocarburos
en Rusia dependerá sobre todo de las condiciones que servirán
de basamento a la estrategia de relaciones entre Rusia y Europa. El
argumento según el cual los consumidores extranjeros garantizan
la mayor parte de sus ganancias a las empresas rusas del petróleo
y el gas podría dejar de ser válido en muy poco tiempo
ya que, debido al alza del consumo interno de productos energéticos
y de la demanda externa, las empresas rusas no tendrán ya la
posibilidad, aunque los precios mundiales se mantengan altos, de aumentar
sensiblemente sus exportaciones hacia Europa.
La estrategia de alianza energética es la más adecuada,
tanto para los países europeos como para Rusia. El crecimiento
de la economía mundial en un 3 ó 4% va acompañado
del aumento del consumo de petróleo en un rango que va de 1,5
a 2%.
Actualmente existen todas las condiciones necesarias
para que los lazos estratégicos entre Rusia y Europa se conviertan en un
factor estabilizador para la economía de la Unión Europea
y de crecimiento económico para Rusia.
Fuente Ria Novosti
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Nota
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el 11 de julio del 2006. Reproducimos el mismo en beneficio de los
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