Si pudiéramos retroceder el tiempo para volver a empezar, con la experiencia acumulada en la asignatura más difícil que tiene que aprobar la especie humana, “lo que no se debe hacer” de la que hoy me aprovecharé y aplicaré esta ficción en nuestro tema habitual, la movilidad y transporte terrestre de las principales ciudades de la patria, que con el paso inexorable de los años, quizás 90 años fueron suficientes para deteriorar la vía pública, incluyendo no sólo la infraestructura, sino también sus diferentes actores (peatón, conductor y usuario de los servicios públicos de transporte), desmejorándola hasta alcanzar los estándares que hoy sufrimos como una colectividad desarticulada, violenta y muy poco solidaria, con altos índices de contaminación ambiental y moral que cada día que pasa, más y más complicamos el camino correcto para resolver el problema de fondo. Me refiero a Lima, Arequipa, Trujillo, Chiclayo, Piura, Huancayo, Cusco etc, hoy con un sistema de transporte y movilidad urbana absolutamente caótico, deshumanizante y sobre todo ya sufriendo sus consecuencias que dañan al ser humano (altísimo promedio de siniestralidad vial y las más alta severidad, causante de muertes y lesiones de por vida a los peruanos), acumuladas en años de inoperancia de las autoridades de turno que fueron desfilando en la historia y lo único que hicieron fue complicar más y más este muy grave problema que por la costumbre de vivir el caos cotidianamente no alcanzamos a dimensionar en su real magnitud. Entonces, ¿en que momento y cómo se empezó a deteriorar nuestra vialidad? Paralelamente, ¿también se dio el deterioro moral de nuestra población? o ¿tiene vinculación una cosa con otra? Continuaré. Hasta mañana.