EXTRA
Luis Bravo Villarán:
¿Gas natural o biodiesel? mito y realidad
Continuemos comentando la presunta decisión de
la MML a través de Protransportes de reemplazar el parque de
combis, micros y buses viejos de Lima, por autobuses a GNV.
Concluimos la primera parte de este despacho, indicando
que el autobús a GNV, costará bastante más que
el bus a biodiesel; que el autobús a GNV no está suficientemente
difundido en el mundo y la producción, venta e ingreso al servicio
público de autobuses a biodiesel es inmensamente superior en
los últimos 5 años; que la capacidad técnica instalada
en el Perú, es muy superior para el servicio de mantenimiento
en la tecnología a bodiesel que a GNV, que es diminuta; que el
GNV tiene 130 octanos y que por tanto se exige más el motor,
lo que -según algunos expertos- requerirá del cambio de
motor en proporción de 2 veces por 1 en el mismo periodo con
respecto al biodiesel; que el GNV emite más del doble de CO2
que el biodiesel; que el gas natural lo hace disponible Camisea a un
precio que por contrato, está sujeto anualmente a las variaciones
del precio del barril de petróleo; y finalmente que el biodiesel
es un desarrollo prioritario a nivel nacional y en corto plazo estará
disponible en el mercado a precios más competitivos y estables.
Ahora bien, con un costo de inversión mayor para
los buses a GNV respecto de los de biodiesel, por tanto, una necesidad
de reserva de depreciación también mayor (recordemos que
ya no habrían transportistas individuales dueños de sus
unidades, sino empresas dueñas de flotas; de no ser así,
sería imposible resolver el caos y eliminar el peligro con que
viajan los pasajeros limeños en los “correteos” de
todos los días); con un costo del combustible que inicialmente
puede ser menor, pero que rápidamente con el desarrollo de los
bio-combustibles esta eventual diferencia desaparecerá; con costos
de mantenimiento mayores (mayor desgaste de sistema eléctrico,
cambio más frecuente de motor, cambio más frecuente de
llantas por efecto del mayor peso); menor premio por certificados de
CO2 (protocolo de Kyoto) cuando se compara versus una flota a biodiesel,
recursos que apoyan el financiamiento; surge una pregunta lógica:
¿quién va a pagar todo este mayor costo?; ¿se lo
van a recostar a los transportistas y estos lo asumirán, o tendrán
finalmente que incrementar los pasajes al público usuario?.
Entonces: ¿qué es políticamente
más sensitivo: incrementar los pasajes al público usuario
del transporte en autobuses urbanos, o dejar que el GNV compita libremente
en el mercado y no que resulte favorecido y “protegido”
por un presunto “acuerdo político”?; ¿cuál
será el crédito o descrédito político para
quienes obligarían que los nuevos autobuses para el transporte
público sean a GNV?. No se trata que no lo sean, pero se supone
que estamos en una “economía de libre mercado”; ¿por
qué entonces “obligar” a que se compre autobuses
a GNV?; ¿es que no estamos en un mercado tan libre y que paradójicamente
esa falta de libertad que se estaría dando termine siendo perjudicial
para la economía de los limeños a pié, que son
los que finalmente pagarán la cuenta?. ¿Cómo se
explica que el gobierno promueva con énfasis los biocombustibles
y se le prive al biodiesel de su mayor mercado?
Es recomendable que Protransporte deje en libertad a
los proponentes a considerar autobuses a GNV o biodiesel y que no asigne
puntaje diferencial a la tecnología de base cualquiera que esta
sea; que sí se asigne puntaje diferencial en función de
las especificaciones de emisión (impacto ambiental), costos de
inversión, mantenimiento, costos del combustible, infraestructura,
impacto social, soluciones de índole sistémica y no simplemente
de reemplazo de unidades; es decir, en todo lo que incide en la economía
y eficiencia del servicio y el interés del usuario al que la
MML se debe y que se traducirá en la proyección del costo
del pasaje que cada proponente debe exponer en función de su
“estructura de costos”. Los técnicos a cargo, deben
saber perfectamente manejar estos parámetros; háganlo
con transparencia y en beneficio de la sociedad. Si no lo hacen, la
historia de las camionetas patrulleras y de las ambulancias, serán
tiras cómicas al lado de la película de escándalo
y espanto que se puede estar incubando ya hoy, antes que las licitaciones
ocurran; y en donde podrían involucrarse sin quererlo, hasta
las propias empresas o corporaciones de transportes que son las que
finalmente serán inducidas a tomar las decisiones, incluso en
contra de sus propios intereses y el de los transportistas. Ojo, estamos
hablando de un potencial de adquisiciones largamente superior a los
US$2,000 millones en el periodo de ordenamiento y renovación.
Pero entonces ¿qué hacemos con el gas
natural?. Recientemente se ha anunciado que Petroperú y Petrobras,
considerarían una mega-industria petroquímica. Bienvenida!!,
deberíamos tratar de atraer el gas de Tarija (Bolivia) y hacer
algo verdaderamente espectacular tri-nacional. Allí concurrirían
el gas de Camisea y el de Tarija, en algún mega-puerto del sur
del Perú como debiera ser, pero que el anterior gobierno evitó
en todos los idiomas para favorecer la salida del gas de Tarija por
Chile??. Con una industria así, la colocación del gas
de Camisea (sin perjuicio del de Tarija) estaría asegurada y
no habría que “obligarlo” para el transporte público
de Lima.
Terminaremos con el aspecto social que es fundamental
y que si se posterga, se estaría postergando también el
desarrollo económico e incubando descontento social. En efecto,
si se hacen las cosas de manera equivocada y “obligatoria”
el que terminará perjudicado económicamente, será
el público usuario.
Por otro lado, en el plazo de reordenamiento y reemplazo
se van a reducir sustantivamente las unidades rodantes; asumiendo además
-como debe ser- un sistema de recaudo mediante tickets automáticos,
la cantidad de choferes, cobradores, voceadores, etc, disminuirá
dramáticamente y eso lo saben la MML y Protransporte; entonces
¿qué hacen?, pues exigir a los proponentes un plan de
mitigación social. Con dos dedos de frente: ¿se puede
creer que las empresas de transportes pueden solucionar este problema
potencial?; ¿cómo?. Este tipo de problemas debe tener
una solución estratégica macro, que debe provenir del
ente promotor, en este caso de la MML o del gobierno central; y no recostarle
la solución a los transportistas.
Y ¿cómo se enfoca esto?; pues con base
al balance de puestos de trabajo que propicia el cambio. Y allí
surge un factor de peso para una solución o la otra. En el hipotético
caso que todas las unidades móviles (actualmente -según
Protransportes- más de 60,000 con edad promedio de 20 años
y aproximadamente la mitad informales), se reduzcan a poco más
de la tercera parte, el impacto bruto será del orden de menos
(-) 80,000 puestos de trabajo. Si las unidades se reemplazan en su totalidad
por autobuses a GNV, ese será el impacto neto negativo. Si en
cambio se reemplazan por biodiesel, se generará una gran cantidad
de puestos de trabajo en el campo para producir las oleaginosas necesarias
para el biodiesel, que incluso se podrían producir en zonas cercanas
a Lima, formando cadenas productivas en “asociación estratégica”,
entre el campo, la industria y las empresas de transportes, con lo que
los costos por combustible se reducirían y serían controlados
por la misma cadena, lo que redundaría en una estabilidad en
el precio del pasaje. El impacto neto en términos de puestos
de trabajo por el cambio, podrá mitigarse de manera sustantiva,
generándose además puestos de trabajo para profesionales
(que el caso del GNV no ocurrirá); y además el Estado,
recaudará más por la mayor actividad productiva, el ordenamiento
y la formalización.
Ah!; y no se diga que el bodiesel se va a demorar y
el gas ya está disponible. Eso no es argumento válido,
pues el biodiesel puede introducirse tan rápido como en 8 meses
a máximo un año, sino antes; todo depende de la capacidad
promotora y la voluntad del Estado; es decir estará más
rápido que lo que tomarán los buses en venir.
Al iniciar el comentario analítico en el primer
artículo de esta serie de dos, planteamos una pregunta que reiteramos:
obligar a las empresas transportistas para que los nuevos autobuses
de transporte público de pasajeros en Lima se haga con unidades
a GNV, ¿es la mejor solución técnicamente, socialmente,
ambientalmente, económicamente y políticamente?. Y finalmente:
¿cree usted que al “obligar” a ello la MML y el gobierno,
aplican una buena práctica de libre mercado?. Queda a usted amigo
lector las respuestas a estas preguntas.
s.e.u.o.
Luis
Bravo Villarán
es es presidente del “Instituto de Globalización
Sustentable - IGLOS”. Sus puntos de vista no necesariamente son
los de Petroleumworld.
Nota
del Editor:Este comentario fue originalmente publicado por Voltarienet.org,
el 20 de marzo del 2007. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.
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y análisis.
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Petroleumworld Perú 25 03 07
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